04 Abril, Sábado, 2020

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 ACTIVIDADES CUARESMALES

 

REFLEXIÓNES y ORACIONES:

  • LOS MIÉRCOLES:  ADORACIÓN EUCARÍSTICA:

          Después de la Misa, dedicaremos un tiempo de oración ante el Santísimo expuesto.

 

  • LOS VIERNES: VÍA CRUCIS

 A las 19.00 h. Nos acercaremos, con esta celebración, al Cristo, que sufre junto a los hombres de hoy. Estáis invitados.

 

  • Día 26 de marzo, jueves:

ORACIÓN animada por los jóvenes a las 20:00 h.

 

  • ACTO PENITENCIAL:

El día 30 de marzo, lunes, a las 19:00 h., celebraremos un Acto Penitencial facilitando la recepción del sacramento.

”Confiesa que Dios es misericordioso y que quiere perdonar los pecados a quienes los confiesan. Compadécete, oh hombre, y Dios se compadecerá de ti”. (San Agustín. Serm. 259-3-4)

DE LOS SERMONES DE SAN AGUSTÍN

 “Escuchen, pues, los hombres por un momento y reflexionen como se debe cuán grande merecimiento es haber alimentado a Cristo y cuán gran crimen haberse desentendido de Cristo hambriento”, concluirá Agustín en uno de sus sermones dedicados al tema de la limosna. (Sermón 389, 6).
Cristo tu Señor es rico allá arriba, y pobre aquí abajo. Aquí sufre hambre, te pide que le concedas un préstamo y él te restituirá lo justo. ¿Por qué dudas? ¿Por qué difieres el dar? ¿Acaso él no es solvente para devolver? Da a los pobres, no temas perder nada; cuando das a uno de sus pequeños, es a Cristo a quien das. Escucha el Evangelio. Cuando los que se hallen a su derecha, después de haberles enumerado algunas de sus necesidades, le pregunten estupefactos: ¿cuándo te vimos en ellas?, él les responderá: “Cuando lo hicisteis con uno de mis pequeños conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 37-40). Yo –dirá- fui quien recibió cuando un pobre lo recibió; en él yo sufría hambre y en él me saciaba. Da con tranquilidad; el Señor es quien recibe, el Señor es quien pide. Nada tendrías que darle si no lo hubieras recibido de él.... Fuera de la limosna no hay otro remedio para librarte de la muerte. Es difícil para cualquier hombre vivir esta vida sin pecados. Dad, pues, hermanos míos, repartid vuestros bienes. Procuraos bolsas de dinero que no envejecen, el tesoro que perdura en el cielo.  (Sermón 390. 2)